sábado, 7 de mayo de 2011

El Maestro que nos guía

Con la apertura liberal de las sociedades occidentales, se nos ha facilitado acceder a todas las corrientes filosóficas y religiosas del mundo. Esta libertad es una bendición para quienes hemos podido discernir y elegir con propiedad. Libertad peligrosa para los espíritus débiles y poco dotados. En todo caso para mí sí ha sido una bendición.

Los maestros que asoman en la historia de la humanidad están adornados por la devoción de sus seguidores. Muchos de ellos si los pusiéramos en un plano humano, tendrían graves falencias y algunos estarían en la corriente de la demencia y cerca de la delincuencia. Subvertir el orden público y manipular las masas eran uno de sus cometidos.

Yo he observado con frialdad a los maestros, he reconocido mi animalidad y he mirado en esa dirección. Hay muchos maestros pero para citar los más importantes diremos que:

Uno ha explotado la animalidad con éxito, un amplio sector de la humanidad lo sigue, y por él quien sabe si se acabará la civilización.

Otro explotó la ingenuidad y el deseo de ser dioses que tenemos los humanos, sus doctrinas conducen a la enajenación y son caldo de cultivo para los tiempos turbios que vivimos.

Otro igualmente es idealista y parte de visiones quiméricas. Muchos lo siguen, en todo caso es tolerante y hay flexibilidad.

Yo prefiero a Lao Tse, maestro de la China anterior a Cristo, se ha tejido el culto y es un dios para los chinos taoístas, lo adornan de leyendas y mitos. Para mí que he desmitificado con la luz de la razón a los maestros, lo veo como un hombre superior que trajinó en un mundo hostil con soberanos déspotas y donde era fácil perder la vida. Su libro Tao Te Ching nos abre las puertas de su pensamiento, y lo vemos como un hombre sumamente práctico, que sabe sintetizar, que da fórmulas, que explica el mundo. Este Maestro tuvo que medir sus palabras y arrimar el hombro en las tareas de gobierno del soberano a quien servía. Tal vez fue eunuco, cosa corriente en esa fecha puesto que los funcionarios íntimos del soberano entraban a la ciudad prohibida donde tenía gran cantidad de mujeres y estos soberanos con un ego crecido y poder omnímodo salían castrar a sus empleados de palacio para asegurarse de que no habría prole ilegítima. Esta situación que constituirá una revelación para los estudiosos, para mí es posible y deduce las ópticas del Maestro. Con mirada occidental de avanzada, que el Maestro haya sido eunuco no le quita méritos, nos recuerda lo difícil de la vida y la tremenda objetividad de su mensaje que entraña una mentalidad dúplex, propia de personajes andróginos.

Mi preferencia por Lao Tse deriva de algunas coincidencias, él fue un burócrata, que es mi condición por muchos años, los dos hemos tenido que lidiar con situaciones difíciles, porque difícil es la vida cualquier época que sea. El ser burócrata entraña someterse a otras voluntades: las que sirvió Lao Tse eran déspotas y peligrosos; los míos, tratándose de los políticos que suelen decidir en última instancia los puestos de jueces, podríamos atribuirles que son tramposos y manipuladores. La forma de tratar a estos jefes que destila el Maestro es eterna. El Maestro seguramente fue consejero real, de alguna manera debió intervenir en los asuntos de Estado, tenía que velar por la paz del país, el objetivo último de administrar justicia, lo que ha sido mi oficio en estos casi treinta años de servicio. El Maestro era muy práctico y concreto, asunto que suelo intentar en mis acciones. Felizmente no he sufrido atentados a mi virilidad, como podría haber sufrido él, lo que no está comprobado, pero coincidimos en la realidad de sus visiones. En todo caso una mentalidad dúplex, es decir que use ambos hemisferios del cerebro, no es necesariamente fruto de un eunuco o un homosexual, una persona sensible y pasiva puede alcanzar esta objetividad.

Lao Tse en su libro no propuso ninguna quimera, ningún asunto iluso o imposible, eso es lo que me atrae y lo admiro. El taoísmo religioso incurre en los defectos de todas las religiones, pero el libro dejado por el Maestro, el Tao Te Ching, es un monumento que prevalecerá por siempre. Siento su realidad en mis años de servicio. Le siento cerca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario